martes, 4 de agosto de 2015

Si él se quita los zapatos, yo me los quito primero

"Vacía tu mente, no tengas forma, ni figura, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza. Si pones agua en una botella, se convierte en la botella. Si pones agua en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir, o puede golpear. Sé agua, amigo mío"


Se me ocurre poner de muestra la filosofía de un personaje famoso para explicar el título de esta nueva entrada de mi blog. Muchos de vosotros conocéis esta frase, conocéis esa entrevista realizada en diciembre de 1971 a Bruce Lee porque, entre otras cosas, se ha utilizado también para anuncios publicitarios. No he partido de estos pensamientos, pero se me vienen a la cabeza cuando se actúa de la forma que os voy a explicar.

"Si un alumno se quita los zapatos para tirarlos al aire o a todo lo que se le ponga por delante, la próxima vez, yo me los quito primero." Parece una tontería, una locura, incluso una estupidez... pero funciona. "Si pones agua en una taza, se convierte en la taza." Podemos interpretarlo de muchas formas, pero en este caso sólo cabe una posible: si quieres comprender a un niño, conviértete en un niño; pero nunca dejes de ser el adulto que le acompaña y educa, como el agua, que nunca deja de ser agua sea cual sea el recipiente que la contiene.
Vamos a hablar desde la experiencia con niños de infantil y primaria, en concreto, con alumnos con neae, pues a este aula de PT asisten alumnos de estas características. Sea como sea el maestro, tiene que saber adaptarse a cada alumno, a cada contexto, a cada realidad.

Presentemos 3 de las actitudes que más han funcionado con estos alumnos, donde se puede ver cómo nos convertimos en agua, para a su vez, tomar formas diferentes según la situación. Las anécdotas se cuentan usando indistintamente el masculino y femenino (niño/a, maestro/a) sin que tengan relación directa con la realidad, para reservar los datos personales de los protagonistas, que en cada caso pueden ser más de uno. Estos protagonistas tienen, en su mayoría, trastornos de conducta o TEA.

1. "Si él se quita los zapatos, yo me los quito primero"

Pensemos en un alumno de 6 años con síndrome de Asperger con una rabieta fuerte. Esa rabieta le induce a quitarse los zapatos y tirarlos fuertemente a su alrededor, sin mirar ni a dónde ni a quién. Entonces, justo antes de que él se los quite, la maestra se los quita primero... El alumno perplejo, se queda quieto y, o se los sigue quitando por orgullo pero no los tira ni cumple su objetivo; o simplemente no se los quita y queda quieto pensando en qué puede hacer ahora que la seño se ha adelantado a lo que yo iba a hacer... Y piensa el niño: ¿Cómo voy a quitarme los zapatos ahora para llamar la atención si la seño se los ha quitado antes y, además, ha dejado al descubierto sus calcetines de Mickey Mouse?

2. "Si él se sienta en el suelo, yo me siento con él"

Cuántas veces se sientan enfadados, enfurecidos, incluso se tiran y despliegan en el suelo... Los maestros pasan por su lado y surgen muchos comentarios: "vamos, levántate fulanito", "bueno, pues ahí te quedas hasta que lo pienses", "corre que vamos a colorear, con lo que te gusta"... y el alumno sigue sin levantarse y, en ocasiones, cada vez más enfadado. Entonces llega otra maestra, una que él conoce bien, y se sienta a su lado. El niño queda asombrado viendo cómo una seño ha bajado al suelo para ocupar un lugar junto a él, ni más alto ni más bajo, sino junto a él. Y esta seño no le ordena, no le grita... y entonces, comienza a ganarse su confianza, poco a poco...

3. "Si necesita romper cosas, le administro cosas para romper"

¿Por qué vamos a reprimir las emociones? Hay que educarlas, no eliminarlas.
Otro alumno nuestro se enfada mucho pero, en ocasiones, el enfado es tan ingente que necesita romper o golpear... Hasta ahora rompía indiscriminadamente cualquier objeto a su alcance, lo necesitaba para tranquilizarse... pero no está bien. Poco a poco va aprendiendo a controlar las emociones y reconducirlas pero, mientras eso ocurre, tiene en clase un montón de periódicos y revistas viejas que puede destrozar y tirar contra la pared, si le apetece, en un lugar que, sabe, hemos buscado para él junto al aula. Sin que nadie le diga nada, cuando termina la destrucción, llega la calma, y él sólo recoge todo lo que ha tirado. A veces, solicita ayuda, y lo hace de una manera tan sosegada y cordial, que siempre encuentra respuesta positiva.


CONTINUARÁ...

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